Yelena practicó desde niña la gimnasia, pero tuvo que abandonarla a los catorce años porque había ganado demasiada estatura. Su gran amor por el deporte, guió sus pasos entonces hacia el atletismo. Sus 1,74 metros de altura y sus 65 kg de peso, además de su elegante técnica, la convierten en una mujer con unas dotes excepcionales para la pértiga. Además, los años entregados a la gimnasia la han dotado de una facilidad asombrosa para orientarse y mantener el equilibrio en pleno vuelo vertical. La pértiga femenina, prueba fetiche de Isinbayeba, no había tenido reconocimiento olímpico hasta los Juegos de Sydney 2000. Pero la irrupción de una joven rusa convertiría pronto a esta disciplina en una de las preferidas por el público. Ya en 2003, Yelena viviría su primer gran momento deportivo, consiguiendo el primero de sus récords mundiales. Desde entonces Yelena Isinbayeba ha batido la plusmarca mundial de salto con pértiga femenino en un total de 27 ocasiones, fijándolo en unos estratosféricos e inimaginables 5,06m. Sus hazañas la han convertido en doble campeona Mundial y Olímpica. Y según la IAAF, en la mejor atleta del año en 2004, 2005 y 2008. Además en 2007 y 2009 recibió el prestigioso Premio Laureus a la mejor deportista femenina del año y el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes. Yelena saltó desde la antigua Stalingrado a la fama mundial. Cambió las mazas y los aros por la pértiga. Y se alejó de su hogar ruso para establecer su base de operaciones en Mónaco. Y todo lo hizo por un sueño. Por rozar el cielo. Yelena Isinbayeva quiso volar, superar todos los límites. Dejar atrás la tierra y acercarse a las estrellas. Una pértiga se convirtió en su punto de apoyo. Y con ese arma, al fin, lo consiguió.
Yelena Isinbayeba
Yelena practicó desde niña la gimnasia, pero tuvo que abandonarla a los catorce años porque había ganado demasiada estatura. Su gran amor por el deporte, guió sus pasos entonces hacia el atletismo.
Sus 1,74 metros de altura y sus 65 kg de peso, además de su elegante técnica, la convierten en una mujer con unas dotes excepcionales para la pértiga. Además, los años entregados a la gimnasia la han dotado de una facilidad asombrosa para orientarse y mantener el equilibrio en pleno vuelo vertical.
La pértiga femenina, prueba fetiche de Isinbayeba, no había tenido reconocimiento olímpico hasta los Juegos de Sydney 2000. Pero la irrupción de una joven rusa convertiría pronto a esta disciplina en una de las preferidas por el público. Ya en 2003, Yelena viviría su primer gran momento deportivo, consiguiendo el primero de sus récords mundiales.
Desde entonces Yelena Isinbayeba ha batido la plusmarca mundial de salto con pértiga femenino en un total de 27 ocasiones, fijándolo en unos estratosféricos e inimaginables 5,06m. Sus hazañas la han convertido en doble campeona Mundial y Olímpica. Y según la IAAF, en la mejor atleta del año en 2004, 2005 y 2008. Además en 2007 y 2009 recibió el prestigioso Premio Laureus a la mejor deportista femenina del año y el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes.
Yelena saltó desde la antigua Stalingrado a la fama mundial. Cambió las mazas y los aros por la pértiga. Y se alejó de su hogar ruso para establecer su base de operaciones en Mónaco. Y todo lo hizo por un sueño. Por rozar el cielo. Yelena Isinbayeva quiso volar, superar todos los límites. Dejar atrás la tierra y acercarse a las estrellas. Una pértiga se convirtió en su punto de apoyo. Y con ese arma, al fin, lo consiguió.